¿COMO PUEDES CONOCER LA VERDAD?

La verdad no es una simple filosofía. La Verdad es una persona: Jesucristo. Él declaró de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14.6). Cristo no te indicó un sistema religioso al cual debías seguir. Él te dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8.31-32, 36).

Jesucristo (la Palabra viviente de Dios) se reveló en las Escrituras (la Palabra escrita de Dios). Si quieres conocer a Cristo, si quieres conocer la verdad, debes consagrarte a la lectura, el estudio y la meditación de la Biblia.

Nada puede sustituir a la Palabra de Dios. El diablo te confronta todo el tiempo con sus engaños. Para que sea capaz de resistir sus embustes, tu mente y tu corazón deben estar llenos del Señor Jesús y llenos hasta rebozar de su Palabra.

Pero no es suficiente que conozcas la verdad. También debes someterte a ella. Debes estar dispuesto a cambiar tu manera de pensar y tu estilo de vida en cualquier área que no se encuentre acorde con la Biblia.

Oye, no puedes creer algo solo porque todo el mundo lo cree, o porque esa es la costumbre, o porque un escritor cristiano reconocido lo predica, o porque un consejero o amigo dice que es lo correcto. Todo lo que crees y haces debes examinarlo a la luz de la Palabra de Dios. Ella es tu única y absoluta autoridad.

Vivir conforme a la verdad exige que decidas de forma consciente rechazar la mentira y abrazar la verdad Lee el Salmo 119, versículos 29 y 30.

¿Sabes? Cada vez que abras tu Biblia o escuches la predicación de la Palabra deberías orar para que Dios abra tus ojos a fin de ver cualquier área en que has seguido las patrañas del diablo y dile: “Señor, tu Palabra es la verdad. Yo me someto a todo lo que tú digas. Ya sea que me guste o no, que lo sienta o no, que esté de acuerdo o no, que tenga o no sentido para mí, decido poner mi vida bajo la sola autoridad de tu Palabra, y obedecer”.

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