¿QUE ESPERA USTED?

Un sondeo de opinión llevaría a muchas respuestas como: más justicia social, paz entre las naciones, progresos en la lucha contra la violencia, la contaminación y la enfermedad. O se hablaría de esperanzas personales: salud, éxito familiar o profesional. Cada uno experimenta la necesidad de esperar o alcanzar algo: vacaciones, jubilación, días mejores... Como se dice: "esto sostiene el ánimo". Pero pronto llega la descepción: lo imprevisto, un mal cálculo, un fracaso o la muerte, que de repente arruina todos los planes preparados con esmero.

Cada uno es consciente de que su porvenir está hecho de muchas ilusiones y el pasado de casi otras tantas desilusiones. Sin embargo, se sigue usando y abusando de esta palabra mágica: la esperanza.

Los psicólogos le dirán que la esperanza es el resorte del hombre y que ella tiene un efecto estimulante; en contraste, basta pensar en el alcance de la palabra desesperación y sus consecuencias muchas veces trágicas.

Pero, ¡cuidado!, conviene que el ser humano no se deje engañar por una vana y falsa confianza en si mismo y en sus semejantes, porque entonces estaría dispuesto a aceptar algo que no es de Dios.

La esperanza cristiana no esta empañada de incertidumbre. Ella es segura porque se apoya en las promesas de Dios y se relaciona con un porvenir que él nos invita a conocer.

La esperanza del creyente le permite atravesar victoriosamente las pruebas de la vida y encarar la muerte y sus consecuencias sin entristecerse como los que no tienen esperanza.

A la inversa de todo lo que engaña al corazón humano, la esperanza cristiana satisface a aquel que la posee; en ella encuentra una razón para vivir. Las promesas de Dios tienen para él el valor y la autoridad de quien se las hizo.

¿Cuáles son esas promesas?

La vida eterna que se obtiene por medio de la fe en Jesús el Salvador, muerto en la cruz para expiar nuestros pecados (en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, Tito 1 : 2).

El retorno del Señor Jesús para arrebatar a su Iglesia formada por todos los que verdaderamente le pertenecen por la fe, cualquiera que sea el ambiente cristiano al que estén ligados (Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; Filipenses 3 : 20).

La herencia celestial de la cual gozarán con Cristo todos los que hayan creído en él (para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 1 Pedro 1 : 4).

Su reinado, al cual asociará a los suyos (Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. 2 Timoteo 2 : 12).

Pero el gran objeto de la esperanza cristiana es la misma Persona en quien se reúnen todas esas bendiciones, Aquel a quien la Biblia llama el "Señor Jesucristo nuestra esperanza" (1 Timoteo 1 : 1).

Verlo y estar con él hará eternamente felices a todos los que le pertenecen.

Ediciones Biblicas La Buena Semilla
http://labuenasemilla.net/

0 comentarios:

ESCRIBIR UN COMENTARIO