Todos necesitamos milagros, somos un pueblo necesitado. Dios sabe esto y también sabe que si usted y yo ejercitamos nuestra fe, El se moviliza. La Biblia dice que la fe es lo que agrada a Dios. Si usted quiere agradar a Dios, empiece a utilizar su fe. La buena noticia es que el mismo Jesús que anduvo en los tiempos bíblicos se pasea hoy en medio de nosotros, a través de su Espíritu Santo.
Lo único que usted y yo necesitamos hacer es empezar a vivir en otro nivel que no es un plano humano sino un nivel espiritual. Necesitamos pedirle a Dios que abra los ojos de nuestro espíritu para funcionar espiritualmente; que nuestra fe crezca mas allá de lo que vemos en nuestro plano natural o terrenal. Dios está listo, presto, dispuesto y emocionado de darle a usted un milagro. El es un Dios bueno.
Hebreos 11:1 dice, “es pues la fe la CERTEZA de lo que se espera, la CONVICCION de lo que no se ve”. Esas son las dos palabras claves para entender la fe. Pero ¿Cómo funciona la fe? Muchos de nosotros leemos acerca de los milagros, muchos sabemos que necesitamos tener fe, pero ¿cómo funciona la fe?
La fe no es “ojala…”, “quizás…”, “tal vez…”, “sea por Dios…” o “a ver si Dios quiere…”. La fe dice, “estoy seguro que Dios quiere”, “estoy seguro que Dios va a sanarme”, “estoy seguro que Dios todavía hace milagros el día de hoy”. Seguridad es certeza de lo que se espera. Muchos de nosotros tenemos trabajo y sabemos que el día de pago, nos van a entregar un cheque y por eso trabajamos tranquilos, porque hay una certeza de lo que se espera. Eso es fe. Convicción quiere decir una creencia, un convencimiento interior, un convencimiento total; quiere decir “seguridad”.
Les voy a ayudar dándole cinco principios de cómo funciona la fe.
1. Creer ante toda imposibilidad. Aun cuando parezca imposible, aunque las circunstancias digan lo contrario, la fe sigue creyendo que será posible. La Biblia relata la historia de una mujer sirofenicia que tenía una hija que estaba siendo atormentada por demonios. Esta mujer había escuchado hablar que Jesús echaba fuera demonios. Entonces, ella fue, buscó al Señor, se acercó a El y le pidió que la ayudara. El Señor le dijo, “mire señora, yo no puedo ayudarla a usted” y ella preguntó, “¿por qué?” a lo que El le respondió “porque yo vine a darle el pan a los hijos”. Jesús se estaba refiriendo a que El, siendo judío, había sido llamado a su propia gente, a su propio pueblo y El de alguna manera le está diciendo a esta mujer, “señora, usted no es judía, usted no es parte de mi pueblo. Entonces, yo no puedo darle a usted el pan que le pertenece a los hijos.” Sin embargo, yo estoy convencido de que Jesús NO estaba rechazándole el milagro, Jesús estaba probando su fe. Muchas veces, cuando no tenemos nuestra respuesta al milagro que esperamos recibir, no es porque Dios no quiera dárselo, sino porque Dios quiere que su fe crezca un poco más. Imagínese si nosotros hubiéramos sido la mujer sirofenicia a lo mejor hubiéramos dicho “pues sí ¿verdad?... Pues ni modo… Pues bueno…” Sin embargo, esa mujer solo volteó su mirada a Jesús y le dio una tremenda respuesta diciendo “sí señor, yo no estoy pidiendo el pan para los hijos, no estoy pidiendo que me des una rebanada, ni siquiera pido sentarme a la mesa. Lo único que quiero es una de esas migajitas que caen al piso, porque sé que aunque sea una pequeña migaja cayendo de tu mesa, me va a dar mi milagro. Es todo lo que yo necesito”. Ella entendió que solamente un poquito de la misericordia de Dios puede hacer grandes milagros en las vidas de aquellos que creen. Jesús se sorprendió con la fe y la respuesta de esta señora y le contestó “vete, mujer porque tu fe te ha hecho sana, tu fe te ha dado tu respuesta”. Usted no necesita sino un poquito de la misericordia de Dios para recibir un milagro. Mire nada más qué imposibles parecían esas circunstancias. El mismo Hijo de Dios le dijo, “señora, disculpe, yo no la puedo ayudar”. Sin embargo, ella le respondió, “no, no Señor, discúlpeme, ¡usted a mi me va a ayudar!” ¡Esa es la fe! Creer aunque nadie diga que es posible. Jesús dijo, “al que cree, todo le es posible.” Así que si le han dicho que no hay remedio para su hijo, para su matrimonio, para su esposo, para su mamá, para sus documentos, ¡crea que si lo hay en el nombre de Jesús! ¡Usted sirve a un Dios Todopoderoso!
2. Tenacidad ante las circunstancias. Eso quiere decir que usted se aferre a su milagro; es mas allá de creer, es no dejarse convencer de nada. Así es como funciona la fe. Mateo 20:30 dice que habían dos ciegos que estaban al lado del camino y que al escuchar el ruido de la multitud que venia siguiendo a Jesús preguntaron “dígannos ¿quién es?”. A lo que les respondieron: “es Jesús. Ahí viene con sus discípulos, con la multitud”. Ellos quizás en ese momento comenzaron a hablar de la fama que tenia Jesús de hacer milagros y resucitar muertos y ambos empezaron a crecer en su fe. De repente cuando se acercó la multitud, los dos se empezaron a hacer un escándalo, “JESUS, HIJO DE DAVID, ¡TEN MISERICORDIA DE MI!” Y gritaban y gritaban. Quizás hasta les dijeron “¡cállense!, ¿por qué gritan tanto? ¿No ven que Jesús está ocupado?” Hay tantas veces en las que el diablo le ha dicho a usted que deje de clamar porque Dios está ocupado, porque Dios a usted no lo escucha, porque usted se portó mal y Dios ya no tiene el teléfono prendido para usted. Sin embargo, yo le quiero decir que Dios a usted lo oye cada vez que usted clama. Dice la Palabra de Dios, “CLAMA A MI y yo te responderé”. No importa si le dicen que no lo haga, usted siga clamando, siga diciendo “JESUS, HIJO DE DAVID, ¡TEN MISERICORDIA DE MI!” Estos dos ciegos continuaron gritando y cuando menos pensaron, el que les dijo que se callaran esta vez fue el mismo Jesús, pero para decirles “ok muchachos, aquí estoy”. Así que si alguien lo va a callar a usted, que sea solamente el Señor. De repente Jesús tocó los ojos de estos ciegos y en el instante fueron sanados. ¡La fe es tenaz! No importa si la gente le dice a usted que se calle, ¡siga gritando! No importa que la gente le critique, siga clamando, siga creyendo, ¡sea tenaz!
3. Permanezca firme. Siga firme donde usted está, creyendo sin dudar. Yo no sé cuanto tiempo se va a tardar su milagro, yo no entiendo los tiempos del Señor, usted tampoco los va a entender, pero lo que usted sí puede hacer es permanecer firme, creyendo y diciendo “¡ahí viene mi milagro!” Permanezca firme, no dude. La Biblia nos habla en Juan 5:5-8 de un caballero que estaba al lado de una alberca, una fuente de agua llamada Betesda. De vez en cuando bajaba un ángel del Señor a este estanque y tocaba las aguas, y al primero que se lanzara al agua le tocaba su milagro. Este hombre había estado yendo allí por 38 años. Imagínese usted lo que es ir todos los días por 38 años a ese lugar, esperando que alguien lo moviera, porque era paralítico. Este hombre todos los años esperó su milagro, NO abandonó su puesto. Eso se llama permanecer firme, eso es tener fe, no importando lo que le diga nadie. De repente, después de esos 38 años de creer, de sufrir, de recibir reportes negativos, cuando menos lo pensó, estaba parado frente a él el hijo de Dios, el Rey del universo, el Sanador de sanadores, el Señor de señores, dispuesto a darle el milagro que él necesitaba. De la misma forma cuando menos usted lo piense, cuando usted menos se lo imagine, ahí va a estar su respuesta. Quizás su respuesta va ser hoy mismo, o mañana en la mañana cuando usted despierte. Solo permanezca firme.
Hebreos 11:1 declara: “es pues la fe la certeza…” En otras palabras, es estar seguro. La fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción…”. Una convicción, es un convencimiento, una seguridad, es algo que usted no está pensandolo; “es la convicción de lo que no se vé”. ¡Dios quiere que usted sea una persona que tiene certeza y que tiene convicción!
Entonces, ¿Cómo funciona la fe? Mencioné en el escrito anterior que algunos de los principios para que funcione la fe son:
1. Creer ante toda imposibilidad.
2. Tenacidad ante las circunstancias.
3. Permanecer firme.
En esta ocasión quiero darle dos principios más acerca de cómo funciona la fe:
4. Visualizar la respuesta. Usted tiene que tener la convicción y la certeza dentro su espíritu. Tenemos unos ojos espirituales capaces de ver cosas que los ojos naturales no pueden ver. Es por eso que necesitamos pedirle al Espíritu Santo que nos active nuestros ojos espirituales, para que podamos ver lo que nuestros ojos naturales no ven. Necesitamos pedirle a Dios que nos dé ojos de fe para que empecemos a visualizar la respuesta en nuestro espíritu. ¡Si usted puede verlo en su espíritu, pronto sus ojos naturales lo van a ver también!
En una ocasión vino un soldado, un capitán romano a Jesús y le dijo, “Señor, yo tengo un siervo en mi casa que está muy enfermo”. Luego le dijo, “pero yo entiendo como funciona este asunto de la autoridad. Yo no necesito que usted vaya a mi casa, ni que ponga manos sobre mi siervo y ore por él, yo sólo necesito que usted pronuncie una sola palabra, porque sé que con su palabra, Dios hará el milagro”. ¡Eso es fe! Hay tanta gente que dice, “ay Señor, ven, tócame, ¡yo necesito una señal!” Sin embargo, cuando usted tiene fe, no necesita señales, usted solamente necesita creer. ¡Una sola palabra poderosa hablada por el Rey de reyes, y el Señor de los señores, puede cambiar su vida para siempre! ¡Una palabra puede hacerlo!
Jesus dijo, “bienaventurados los que sin ver creyeron”. Mucha gente dice, “hay que ver para creer. Yo no creo nada hasta que yo no pueda ver”. Sin embargo, Jesús te está diciendo, “bienaventurado eres si puedes creer sin ver con tus ojos naturales”. Este capitán romano dijo, “Señor, yo nada más necesito que des la palabra”. Es por eso que Jesús dijo de él, “nunca he visto fe tan grande como la de este hombre”. ¡Ojalá Jesús dijera eso de nuestra fe!
Una vez el Señor le dijo a Abraham, “te voy a hacer un padre de multitudes”. Lo increíble de esa promesa era que Abraham no tenía ni siquiera el primer hijo y además, ya tenía más de noventa años. Sin embargo, Abraham dijo, “¡amén! ¡Yo lo recibo!” Y Dios hasta le cambió el nombre. Su nombre era “Abram” pero luego le puso “Abraham” que significa “padre de multitudes”. Entonces Abraham dijo, “Señor, ¿y cómo va a ser esto?” a lo que el Señor le respondió, “¿ves todas esas estrellas? Así será tu desendencia”. Luego le mostró la arena en la playa y le dijo, “así como la arena en la playa, así será tu desendencia después de ti”. El Señor quizo que Abraham pudiera visualizar, con los ojos de su espíritu, lo que en algún momento iba a ser una realidad. Abraham tuvo que creerlo sin verlo, y es por eso que la Biblia lo llama “el padre de la fe”, porque fue un hombre que a pesar de no tener un sólo hijo, empezó a decir “soy padre de multitudes, tengo muchos hijos”. De la misma manera, Dios tiene grandes promesas para usted, Dios le ha prometido a usted bendecirlo, sanarlo, restaurarlo, ponerlo sobre un monte alto, así que es tiempo de empezar a declararlo.
Dios quiere que usted empiece a ver sus problemas con sus ojos espirituales, con los ojos de la fe. ¡Cambie la perspectiva! Empiece a visualizar. Si usted no lo puede ver con los ojos de su espíritu primero, entonces nunca lo va a poder ver con sus ojos naturales. Véase bendecido, sanado, perdonado, victorioso, triunfante, restaurado, prosperado, rico, contento, alegre, gozoso, como hijo del Altísimo Dios de los cielos que usted es. De la misma manera empiece a ver su matrimonio, sus hijos y su familia.
Los hombres y las mujeres de fe también ven al Diablo debajo de sus pies. Recuerde que Cristo venció sobre Satanás en la cruz del calvario. La Biblia dice que Jesucristo lo ató y lo echó abajo, lo puso debajo de sus pies. ¡Así que véase victorioso sobre el Diablo!
5. Haga lo posible; Dios hará lo imposible. Así funciona la fe. Usted haga lo que a usted le toca hacer, que Dios hará lo que usted no puede hacer. Usted no puede sanar un enfermo de cáncer, pero Dios sí lo puede hacer. Por lo tanto, lo que a usted le toca hacer es creer, confiar, no dudar, permanecer, seguir caminando, seguir creyendo, seguir leyendo la palabra de Dios. ¡Esa palabra te va cambiar! Ore, comuníquese con Dios. Alabe, cante, bendiga al Señor, ponga música de alabanza en su carro, en la sala de su casa, en la cocina, en todos lados. Siga asistiendo a las reuniones, a los servicios de su iglesia. Sea fiel a su iglesia, sea fiel en su congregación. Siga dando sus diezmos y sus ofrendas. ¡Eso es lo que usted puede hacer! Recuerde que Dios hará lo que usted no puede hacer: sanarlo, restaurarlo, perdonarlo, levantarlo, aliviarlo, ayudarlo, bendecirlo… ¡eso es lo que Dios va a hacer!
En una ocasión a Jesús le trajeron un ciego. Jesús escupió en el suelo e hizo un lodo, le puso barro en los ojos al ciego y le dijo, “ahora vé y lávate” y el ciego, aún sin poder ver, fue, se lavó y recibió su milagro. Sin embargo, hoy en día mucha gente dice, “yo no quiero ir a lavarme, yo quiero que el Señor me dé mi milagro aquí sentado en mi sillón”. ¡No! Usted haga lo que usted puede hacer. Hay mucha gente que nunca recibe su milagro de parte de Dios, porque le pone una cantidad de “peros” al milagro y dicen, “pues es que yo no quería que fuera así, yo no quería que me escupiera los ojos… ¡hasta lodo me pusieron en los ojos!… ¡yo no entiendo qué es esto!” Luego se preguntan por qué Dios nunca los sana. Ese ciego no le puso ningún “pero”; él dijo, “si me dijeron que me lavara los ojos, entonces me voy a lavar los ojos”. Él fue, se lavó los ojos, ¡y al rato podía ver!
A muchos de ustedes Dios está a punto de darle su milagro, pero usted necesita persistir. Las bendiciones vienen siguiéndole a usted, vienen detrás de usted, lo vienen alcanzando, así que en cualquier momento esa bendición se va a trepar encima de usted, se va a apoderar de usted y le va a dar la respuesta que usted necesita. “Al que cree, todo le es posible”. Sólo siga creyendo. Es tiempo que usted haga lo que usted puede hacer… ¡Dios hará lo demas!
Marcos Witt.
3. Permanezca firme. Siga firme donde usted está, creyendo sin dudar. Yo no sé cuanto tiempo se va a tardar su milagro, yo no entiendo los tiempos del Señor, usted tampoco los va a entender, pero lo que usted sí puede hacer es permanecer firme, creyendo y diciendo “¡ahí viene mi milagro!” Permanezca firme, no dude. La Biblia nos habla en Juan 5:5-8 de un caballero que estaba al lado de una alberca, una fuente de agua llamada Betesda. De vez en cuando bajaba un ángel del Señor a este estanque y tocaba las aguas, y al primero que se lanzara al agua le tocaba su milagro. Este hombre había estado yendo allí por 38 años. Imagínese usted lo que es ir todos los días por 38 años a ese lugar, esperando que alguien lo moviera, porque era paralítico. Este hombre todos los años esperó su milagro, NO abandonó su puesto. Eso se llama permanecer firme, eso es tener fe, no importando lo que le diga nadie. De repente, después de esos 38 años de creer, de sufrir, de recibir reportes negativos, cuando menos lo pensó, estaba parado frente a él el hijo de Dios, el Rey del universo, el Sanador de sanadores, el Señor de señores, dispuesto a darle el milagro que él necesitaba. De la misma forma cuando menos usted lo piense, cuando usted menos se lo imagine, ahí va a estar su respuesta. Quizás su respuesta va ser hoy mismo, o mañana en la mañana cuando usted despierte. Solo permanezca firme.
Hebreos 11:1 declara: “es pues la fe la certeza…” En otras palabras, es estar seguro. La fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción…”. Una convicción, es un convencimiento, una seguridad, es algo que usted no está pensandolo; “es la convicción de lo que no se vé”. ¡Dios quiere que usted sea una persona que tiene certeza y que tiene convicción!
Entonces, ¿Cómo funciona la fe? Mencioné en el escrito anterior que algunos de los principios para que funcione la fe son:
1. Creer ante toda imposibilidad.
2. Tenacidad ante las circunstancias.
3. Permanecer firme.
En esta ocasión quiero darle dos principios más acerca de cómo funciona la fe:
4. Visualizar la respuesta. Usted tiene que tener la convicción y la certeza dentro su espíritu. Tenemos unos ojos espirituales capaces de ver cosas que los ojos naturales no pueden ver. Es por eso que necesitamos pedirle al Espíritu Santo que nos active nuestros ojos espirituales, para que podamos ver lo que nuestros ojos naturales no ven. Necesitamos pedirle a Dios que nos dé ojos de fe para que empecemos a visualizar la respuesta en nuestro espíritu. ¡Si usted puede verlo en su espíritu, pronto sus ojos naturales lo van a ver también!
En una ocasión vino un soldado, un capitán romano a Jesús y le dijo, “Señor, yo tengo un siervo en mi casa que está muy enfermo”. Luego le dijo, “pero yo entiendo como funciona este asunto de la autoridad. Yo no necesito que usted vaya a mi casa, ni que ponga manos sobre mi siervo y ore por él, yo sólo necesito que usted pronuncie una sola palabra, porque sé que con su palabra, Dios hará el milagro”. ¡Eso es fe! Hay tanta gente que dice, “ay Señor, ven, tócame, ¡yo necesito una señal!” Sin embargo, cuando usted tiene fe, no necesita señales, usted solamente necesita creer. ¡Una sola palabra poderosa hablada por el Rey de reyes, y el Señor de los señores, puede cambiar su vida para siempre! ¡Una palabra puede hacerlo!
Jesus dijo, “bienaventurados los que sin ver creyeron”. Mucha gente dice, “hay que ver para creer. Yo no creo nada hasta que yo no pueda ver”. Sin embargo, Jesús te está diciendo, “bienaventurado eres si puedes creer sin ver con tus ojos naturales”. Este capitán romano dijo, “Señor, yo nada más necesito que des la palabra”. Es por eso que Jesús dijo de él, “nunca he visto fe tan grande como la de este hombre”. ¡Ojalá Jesús dijera eso de nuestra fe!
Una vez el Señor le dijo a Abraham, “te voy a hacer un padre de multitudes”. Lo increíble de esa promesa era que Abraham no tenía ni siquiera el primer hijo y además, ya tenía más de noventa años. Sin embargo, Abraham dijo, “¡amén! ¡Yo lo recibo!” Y Dios hasta le cambió el nombre. Su nombre era “Abram” pero luego le puso “Abraham” que significa “padre de multitudes”. Entonces Abraham dijo, “Señor, ¿y cómo va a ser esto?” a lo que el Señor le respondió, “¿ves todas esas estrellas? Así será tu desendencia”. Luego le mostró la arena en la playa y le dijo, “así como la arena en la playa, así será tu desendencia después de ti”. El Señor quizo que Abraham pudiera visualizar, con los ojos de su espíritu, lo que en algún momento iba a ser una realidad. Abraham tuvo que creerlo sin verlo, y es por eso que la Biblia lo llama “el padre de la fe”, porque fue un hombre que a pesar de no tener un sólo hijo, empezó a decir “soy padre de multitudes, tengo muchos hijos”. De la misma manera, Dios tiene grandes promesas para usted, Dios le ha prometido a usted bendecirlo, sanarlo, restaurarlo, ponerlo sobre un monte alto, así que es tiempo de empezar a declararlo.
Dios quiere que usted empiece a ver sus problemas con sus ojos espirituales, con los ojos de la fe. ¡Cambie la perspectiva! Empiece a visualizar. Si usted no lo puede ver con los ojos de su espíritu primero, entonces nunca lo va a poder ver con sus ojos naturales. Véase bendecido, sanado, perdonado, victorioso, triunfante, restaurado, prosperado, rico, contento, alegre, gozoso, como hijo del Altísimo Dios de los cielos que usted es. De la misma manera empiece a ver su matrimonio, sus hijos y su familia.
Los hombres y las mujeres de fe también ven al Diablo debajo de sus pies. Recuerde que Cristo venció sobre Satanás en la cruz del calvario. La Biblia dice que Jesucristo lo ató y lo echó abajo, lo puso debajo de sus pies. ¡Así que véase victorioso sobre el Diablo!
5. Haga lo posible; Dios hará lo imposible. Así funciona la fe. Usted haga lo que a usted le toca hacer, que Dios hará lo que usted no puede hacer. Usted no puede sanar un enfermo de cáncer, pero Dios sí lo puede hacer. Por lo tanto, lo que a usted le toca hacer es creer, confiar, no dudar, permanecer, seguir caminando, seguir creyendo, seguir leyendo la palabra de Dios. ¡Esa palabra te va cambiar! Ore, comuníquese con Dios. Alabe, cante, bendiga al Señor, ponga música de alabanza en su carro, en la sala de su casa, en la cocina, en todos lados. Siga asistiendo a las reuniones, a los servicios de su iglesia. Sea fiel a su iglesia, sea fiel en su congregación. Siga dando sus diezmos y sus ofrendas. ¡Eso es lo que usted puede hacer! Recuerde que Dios hará lo que usted no puede hacer: sanarlo, restaurarlo, perdonarlo, levantarlo, aliviarlo, ayudarlo, bendecirlo… ¡eso es lo que Dios va a hacer!
En una ocasión a Jesús le trajeron un ciego. Jesús escupió en el suelo e hizo un lodo, le puso barro en los ojos al ciego y le dijo, “ahora vé y lávate” y el ciego, aún sin poder ver, fue, se lavó y recibió su milagro. Sin embargo, hoy en día mucha gente dice, “yo no quiero ir a lavarme, yo quiero que el Señor me dé mi milagro aquí sentado en mi sillón”. ¡No! Usted haga lo que usted puede hacer. Hay mucha gente que nunca recibe su milagro de parte de Dios, porque le pone una cantidad de “peros” al milagro y dicen, “pues es que yo no quería que fuera así, yo no quería que me escupiera los ojos… ¡hasta lodo me pusieron en los ojos!… ¡yo no entiendo qué es esto!” Luego se preguntan por qué Dios nunca los sana. Ese ciego no le puso ningún “pero”; él dijo, “si me dijeron que me lavara los ojos, entonces me voy a lavar los ojos”. Él fue, se lavó los ojos, ¡y al rato podía ver!
A muchos de ustedes Dios está a punto de darle su milagro, pero usted necesita persistir. Las bendiciones vienen siguiéndole a usted, vienen detrás de usted, lo vienen alcanzando, así que en cualquier momento esa bendición se va a trepar encima de usted, se va a apoderar de usted y le va a dar la respuesta que usted necesita. “Al que cree, todo le es posible”. Sólo siga creyendo. Es tiempo que usted haga lo que usted puede hacer… ¡Dios hará lo demas!
Marcos Witt.
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