¿POR QUE ORAR CON OTROS?

El orar juntos a Dios tiene una promesa muy especial. La oración en privado entre cada uno de nosotros y Dios es como las raíces del árbol que lo hacen firme contra las tormentas. El Señor nos enseñó primero que es necesaria la oración personal y directa con el Padre. Jesucristo afirmó: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6.6). Pero tenemos necesidad no solo de la oración en secreto, sino también de la oración unida en público; la cual da hojas, flores y frutos en la comunión con otros.

El lazo que te ata a tu prójimo no es menos real e íntimo que el que te une a Dios. La gracia no solo renueva nuestra relación con Dios el Padre, sino también con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. La oración modelo nos enseña a decir: “Padre nuestro”, no “Padre mío”.

No solo somos miembros de la familia de la fe, sino que somos miembros de un cuerpo. Cada miembro del cuerpo depende del otro, y la plena acción del Espíritu depende de la unión y cooperación con los demás en el cuerpo.

Los cristianos no podemos alcanzar la plena bendición que Dios está dispuesto a darnos a menos que busquemos esa bendición y la recibamos en comunión los unos con los otros. Aunque cada creyente tiene el Espíritu Santo, es en la unión y plena comunión de los creyentes donde se manifiesta a plenitud el poder del Espíritu.
«Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18.19, 20).

La oración unida verdadera tiene sus características que el Señor nos muestra en estos versículos.

La primera es estar de acuerdo en lo que se pide. No solo es un consentimiento general en lo que vamos a pedir en oración, sino que necesitamos un deseo unido claro en lo que pedimos. De este modo podemos pedir con confianza, conforme a la voluntad de Dios y estar seguros de su respuesta corporativa a su pueblo.

La segunda característica de la oración unida verdadera es que nos reunamos en el nombre de Jesús. El deseo y la voluntad del Señor tienen que ser el centro de esta y todas nuestras reuniones de intercesión como iglesia. Esto quiere decir que al juntarnos en este hogar hoy comprendemos y creemos que estamos bajo la sombra del mismo Jesucristo, que el está realmente presente aquí. Jesús dice: «donde están dos o tres congregados (en oración) en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La presencia viva de Jesús en la comunión de sus hijos que lo aman y oran a Él, da el poder de Cristo mismo a la oración unida.

La tercera característica de la oración unida es la respuesta segura: «les será hecho por mi Padre que está en los cielos». Al reunirnos para orar como iglesia confraternizamos como familia y nos edificamos de manera personal, pero este no es el supremo propósito del Señor. La real evidencia de la verdadera oración unida es el fruto, la respuesta, y Dios ha prometido respondernos.

Que ocurriría si al reunirnos a orar como iglesia la fe en la presencia de Cristo y la expectativa de la respuesta estuvieran ante nuestros ojos. Que sucedería si como iglesia pedimos la venida del reino de Jesucristo y un poderoso derramamiento del Espíritu Santo.

Que poder desarrollaría la iglesia si le diera a la tarea de orar el lugar que necesariamente merece. La iglesia no se reúne simplemente para que nos cuidemos y nos edifiquemos los unos a los otros. Dios rige al mundo por medio de las oraciones de su pueblo. Mediante la oración la iglesia tiene autoridad sobre los poderes del mundo espiritual.

Cuando oramos como iglesia somos puerta del cielo, donde se siente la presencia de Dios y se experimenta su poder, porque Dios cumple nuestros ruegos.

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