Via: www.cristoesturuta.cl
Mi nombre es Alberto Downing Cerda, tengo 48 años de edad, casado hace 28 años, tengo 3 hijas de 23, 22 y 17 años y un hijo de 5 años.
Fui un hombre nacido y criado en el Evangelio nunca quise entregarme a Dios de corazón, llevado por los deleites y pasatiempos de este mundo y por sentirme un hombre joven quise vivir todo lo que un joven dentro de la Iglesia no puede vivir “yo lo viví en el mundo”. Satanás tomó posesión completamente de mi vida llevándome a hacer cosas que jamás pensé realizar, estuve muchas veces “al borde de la muerte”, el vino, las borracheras, los vicios, las fiestas, las mujeres, hicieron presa fácil de mi vida.
En una ocasión que recuerdo, me llevaron al hospital con mi cuerpo cortado, quedando así las dolorosas huellas que dejó Satanás en mi vida. Estuve en la cárcel por delitos menores; fueron muchos mis tropiezos y caídas graves que tuve delante del Señor pero aún así la mano de Dios siempre estuvo a mi favor librándome de la misma muerte.
Mi vida era del hampa, de un libertinaje absoluto, pero un día Dios empezó a rodear mi vida y puso por primera vez su mano sobre mi: permitiendo que me asaltaran, me pegaron tanto que quedé cojo por 3 meses; después pasó un tiempo y me caí de una micro arrastrándome y dejando graves quemaduras en mi brazo y hombro izquierdo, hasta ese momento aún no me daba cuenta que Dios estaba tratando con mi vida, Dios quería que me devolviera de mis malos caminos, que dejara el mundo y sus pasiones y le sirviera, pero siempre el hombre es llevado por su concupiscencia y es seducido por el pecado dejándose llevar por la carne y nuestras debilidades, la paga del pecado es la muerte, era lo que había para mí “muerte” estaba esclavizado, Satanás el diablo había tomado posesión fuertemente de mi vida llevándome a situaciones extremas, pero no nos damos cuenta que Dios desde los cielos nos está mirando y nos da alargue pero después de un tiempo nos recoge, dejando heridas que sólo Dios con su poder puede curarlas.
Mi nombre es Alberto Downing Cerda, tengo 48 años de edad, casado hace 28 años, tengo 3 hijas de 23, 22 y 17 años y un hijo de 5 años.
Fui un hombre nacido y criado en el Evangelio nunca quise entregarme a Dios de corazón, llevado por los deleites y pasatiempos de este mundo y por sentirme un hombre joven quise vivir todo lo que un joven dentro de la Iglesia no puede vivir “yo lo viví en el mundo”. Satanás tomó posesión completamente de mi vida llevándome a hacer cosas que jamás pensé realizar, estuve muchas veces “al borde de la muerte”, el vino, las borracheras, los vicios, las fiestas, las mujeres, hicieron presa fácil de mi vida.
En una ocasión que recuerdo, me llevaron al hospital con mi cuerpo cortado, quedando así las dolorosas huellas que dejó Satanás en mi vida. Estuve en la cárcel por delitos menores; fueron muchos mis tropiezos y caídas graves que tuve delante del Señor pero aún así la mano de Dios siempre estuvo a mi favor librándome de la misma muerte.
Mi vida era del hampa, de un libertinaje absoluto, pero un día Dios empezó a rodear mi vida y puso por primera vez su mano sobre mi: permitiendo que me asaltaran, me pegaron tanto que quedé cojo por 3 meses; después pasó un tiempo y me caí de una micro arrastrándome y dejando graves quemaduras en mi brazo y hombro izquierdo, hasta ese momento aún no me daba cuenta que Dios estaba tratando con mi vida, Dios quería que me devolviera de mis malos caminos, que dejara el mundo y sus pasiones y le sirviera, pero siempre el hombre es llevado por su concupiscencia y es seducido por el pecado dejándose llevar por la carne y nuestras debilidades, la paga del pecado es la muerte, era lo que había para mí “muerte” estaba esclavizado, Satanás el diablo había tomado posesión fuertemente de mi vida llevándome a situaciones extremas, pero no nos damos cuenta que Dios desde los cielos nos está mirando y nos da alargue pero después de un tiempo nos recoge, dejando heridas que sólo Dios con su poder puede curarlas.
Un día mi hijo menor de 5 años, me dijo: “Papá cando vas a ir a la Iglesia con nosotros puesto que todos los papás van con sus hijos a la Iglesia” y yo le respondí “me voy a comprar un terno y zapatos y vamos a ir todos a la Iglesia”, fue sólo decir esas palabras para que el enemigo las escuchara y llevara a cabo su último plan de destruir definitivamente mi vida.
Fue el día sábado 5 de Julio de 2003, entre las 5:30 a las 6:15 de la tarde, estaba frío y lluvioso, venía de juntarme con mis amigos y compañeros de trabajo en donde habíamos comido, bebido, fue un día gris que jamás olvidaré, venía cerca de mi casa cuando caí de un puente de 8 metros de altura, quedando con un politraumatismo con tec cerrado, contusión severa en el pulmón izquierdo, quebradura de costillas y clavículas; cuando pienso en ese momento no me canso de llorar y dar las glorias al Señor por el gran milagro que realizó en mi vida; llegué a la posta central sin signos vitales, llegando también mi familia los cuales los hicieron pasar a la sala donde me tenían con el fin de que se despidieran de su esposo y padre ya que no tenía posibilidad de vida, los médicos dijeron a mi esposa “ya no hay nada más que hacer, él está muerto”.
Fue en ese momento cuando mi esposa y mis dos hermanos (cristianos) clamaron al Señor pidiendo que me diera aliento de vida y decían textualmente “Señor dale espíritu de vida, no permitas que se vaya sin tu perdón” mi cuerpo reaccionó inmediatamente dándome taquicardias y los médicos comenzaron a moverse de un lado hacia otro, poniéndome tubos y conectándome a un ventilador mecánico. Estuve en coma 17 días, mi familia me visitaba constantemente, oraban y me ungían día tras día, mi vida aún seguía en valles de sombras y de muerte.
Mientras estaba en coma vi mi espíritu en la cárcel, preso, me veía venir caminando por una calle de la penitenciaría con dos corazones en mis manos y vi también un personaje que predicaba a los demás presos y me acerqué a él en mi desesperación y le pregunté con estas palabras “oye .. dime cual de estos dos corazones es bueno, y él respondió ese .. señalando el que tenía en mi mano derecha, y yo con términos vulgares (como hablaba en el mundo) le dije no te voy a embolar mira que soy yo el “Lolo Alberto”, pero ese personaje se dio vuelta y como acomodándose una corbata me dice “Sí, pero Yo soy Dios” la honra y la gloria es para él, que hizo temblar ese corazón nuevo que me había dicho que era el bueno, y yo lo puse en mi; aunque no vi su rostro, pude sentir que era Dios mismo que me había hablado. Glorias sean dadas al Señor, continuando la visión, en ese instante lo único que quería era llegar luego a mi casa para pedir perdón a Dios, pero no podía llegar, comencé a caminar y vi gente que estaba muerta, desesperados, esperando el día final, como también vi hijos de Dios que ya habían partido a la presencia del Señor, pero el rostro de ellos era distinto, seguía viendo un camino largo, donde al final de ese camino se veían las llamas del mismo infierno, fue donde apareció en ese instante mi papá y me dijo “hijo por ese camino no!!! Devuélvete, anda a tu casa a cuidar a tus hijas que ya deben estar grandecitas; ¡sí! le dije y también ahora tengo a Albertito Junior, Así que me devolví por donde el me dijo, despertando inmediatamente del coma profundo por 17 días.
Cuando desperté no sabía nada de nada, ya que mi mente estaba totalmente ida con tanta droga que me ponían. A los días me dieron el alta, me afectó tanto el tema de los medicamentos que mi esposa llegó a decir “Señor habremos pedido bien”. Que el Señor nos acorace en su sangre preciosa, por que lo que voy a seguir relatando es terrible. Me cuenta mi esposa y mis hermanos que yo había quedado tal cual como un enfermo mental y lo único que quería hacer cuando me dieron el alta “era caminar” pero no podía caminar, no podía hablar, no podía comer, babeaba tanto que tenían que andar con una toalla limpiándome la boca a cada momento, igual que a un niño chico que está dando sus primeros pasos.
Mi esposa decía “es que nació de nuevo” y ella oraba de día y de noche y dentro de todo yo peleaba y le pegaba a mi esposa e hijas, por que no me sacaban a la calle; fueron momentos terribles producto de mi descontrol, muchas lágrimas, desvelos, separaciones, puesto que el enemigo seguía haciéndonos la guerra, el fin era separarnos como familia y terminar con la maravillosa obra que Dios había comenzado.
Imagínense toda una Iglesia orando por mi que Dios obrara completamente, Ud. cree que el enemigo estaba feliz, por ningún motivo, se le estaba escapando uno de sus garras y ese por misericordia era yo ¡¡¡Alabado sea el Señor!!! Sabemos que para Dios valemos más que todos los tesoros de este mundo, nos compara como piedras preciosas, eso era yo, él me tomó como toma el alfarero el barro y amoldó mi vida a su parecer, ahora gracias a Dios, somos una familia feliz, servimos a Dios con toda la gratitud que un ser humano pueda tener en su corazón puesto que lo que Dios hizo no hubo hombre en la tierra que pudiera realizar, y lo más grande lo más preciado es la salvación que me regaló y ahora por gracia soy llamado Hijo de Dios y coheredero del reino celestial. Gloria al Señor por este amor tan grande que tuvo para con este hombre pobre, ciego, miserable y desnudo, sin destino, sin ganas de vivir, destruido por Satanás el diablo y ahora un salvado y redimido por nuestro Señor Jesucristo.
Quiero destacar que el tiempo que estuve enfermo, Dios se encargó de alimentar a mi familia, llegaban al hogar sueldos mensuales, tuvimos mercadería por más de seis meses, me llegaba el gas, los gastos comunes, todo lo pagaba el Señor por medio de instrumentos que Dios tomaba para demostrarnos su gran amor. Además, por medio de un instrumento Dios nos entregó un cheque en blanco, lo que para el que cree todo es posible, y vemos reflejada la mano de Dios es este cheque puesto que hasta el día de hoy gozamos de esa bendición y sabemos que va a ser por siempre.
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Fue el día sábado 5 de Julio de 2003, entre las 5:30 a las 6:15 de la tarde, estaba frío y lluvioso, venía de juntarme con mis amigos y compañeros de trabajo en donde habíamos comido, bebido, fue un día gris que jamás olvidaré, venía cerca de mi casa cuando caí de un puente de 8 metros de altura, quedando con un politraumatismo con tec cerrado, contusión severa en el pulmón izquierdo, quebradura de costillas y clavículas; cuando pienso en ese momento no me canso de llorar y dar las glorias al Señor por el gran milagro que realizó en mi vida; llegué a la posta central sin signos vitales, llegando también mi familia los cuales los hicieron pasar a la sala donde me tenían con el fin de que se despidieran de su esposo y padre ya que no tenía posibilidad de vida, los médicos dijeron a mi esposa “ya no hay nada más que hacer, él está muerto”.
Fue en ese momento cuando mi esposa y mis dos hermanos (cristianos) clamaron al Señor pidiendo que me diera aliento de vida y decían textualmente “Señor dale espíritu de vida, no permitas que se vaya sin tu perdón” mi cuerpo reaccionó inmediatamente dándome taquicardias y los médicos comenzaron a moverse de un lado hacia otro, poniéndome tubos y conectándome a un ventilador mecánico. Estuve en coma 17 días, mi familia me visitaba constantemente, oraban y me ungían día tras día, mi vida aún seguía en valles de sombras y de muerte.
Mientras estaba en coma vi mi espíritu en la cárcel, preso, me veía venir caminando por una calle de la penitenciaría con dos corazones en mis manos y vi también un personaje que predicaba a los demás presos y me acerqué a él en mi desesperación y le pregunté con estas palabras “oye .. dime cual de estos dos corazones es bueno, y él respondió ese .. señalando el que tenía en mi mano derecha, y yo con términos vulgares (como hablaba en el mundo) le dije no te voy a embolar mira que soy yo el “Lolo Alberto”, pero ese personaje se dio vuelta y como acomodándose una corbata me dice “Sí, pero Yo soy Dios” la honra y la gloria es para él, que hizo temblar ese corazón nuevo que me había dicho que era el bueno, y yo lo puse en mi; aunque no vi su rostro, pude sentir que era Dios mismo que me había hablado. Glorias sean dadas al Señor, continuando la visión, en ese instante lo único que quería era llegar luego a mi casa para pedir perdón a Dios, pero no podía llegar, comencé a caminar y vi gente que estaba muerta, desesperados, esperando el día final, como también vi hijos de Dios que ya habían partido a la presencia del Señor, pero el rostro de ellos era distinto, seguía viendo un camino largo, donde al final de ese camino se veían las llamas del mismo infierno, fue donde apareció en ese instante mi papá y me dijo “hijo por ese camino no!!! Devuélvete, anda a tu casa a cuidar a tus hijas que ya deben estar grandecitas; ¡sí! le dije y también ahora tengo a Albertito Junior, Así que me devolví por donde el me dijo, despertando inmediatamente del coma profundo por 17 días.
Cuando desperté no sabía nada de nada, ya que mi mente estaba totalmente ida con tanta droga que me ponían. A los días me dieron el alta, me afectó tanto el tema de los medicamentos que mi esposa llegó a decir “Señor habremos pedido bien”. Que el Señor nos acorace en su sangre preciosa, por que lo que voy a seguir relatando es terrible. Me cuenta mi esposa y mis hermanos que yo había quedado tal cual como un enfermo mental y lo único que quería hacer cuando me dieron el alta “era caminar” pero no podía caminar, no podía hablar, no podía comer, babeaba tanto que tenían que andar con una toalla limpiándome la boca a cada momento, igual que a un niño chico que está dando sus primeros pasos.
Mi esposa decía “es que nació de nuevo” y ella oraba de día y de noche y dentro de todo yo peleaba y le pegaba a mi esposa e hijas, por que no me sacaban a la calle; fueron momentos terribles producto de mi descontrol, muchas lágrimas, desvelos, separaciones, puesto que el enemigo seguía haciéndonos la guerra, el fin era separarnos como familia y terminar con la maravillosa obra que Dios había comenzado.
Imagínense toda una Iglesia orando por mi que Dios obrara completamente, Ud. cree que el enemigo estaba feliz, por ningún motivo, se le estaba escapando uno de sus garras y ese por misericordia era yo ¡¡¡Alabado sea el Señor!!! Sabemos que para Dios valemos más que todos los tesoros de este mundo, nos compara como piedras preciosas, eso era yo, él me tomó como toma el alfarero el barro y amoldó mi vida a su parecer, ahora gracias a Dios, somos una familia feliz, servimos a Dios con toda la gratitud que un ser humano pueda tener en su corazón puesto que lo que Dios hizo no hubo hombre en la tierra que pudiera realizar, y lo más grande lo más preciado es la salvación que me regaló y ahora por gracia soy llamado Hijo de Dios y coheredero del reino celestial. Gloria al Señor por este amor tan grande que tuvo para con este hombre pobre, ciego, miserable y desnudo, sin destino, sin ganas de vivir, destruido por Satanás el diablo y ahora un salvado y redimido por nuestro Señor Jesucristo.
Quiero destacar que el tiempo que estuve enfermo, Dios se encargó de alimentar a mi familia, llegaban al hogar sueldos mensuales, tuvimos mercadería por más de seis meses, me llegaba el gas, los gastos comunes, todo lo pagaba el Señor por medio de instrumentos que Dios tomaba para demostrarnos su gran amor. Además, por medio de un instrumento Dios nos entregó un cheque en blanco, lo que para el que cree todo es posible, y vemos reflejada la mano de Dios es este cheque puesto que hasta el día de hoy gozamos de esa bendición y sabemos que va a ser por siempre.
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